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Harar, un reducto islámico en Etiopía

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07/03/2011 Una semana más, desde África Nos Mira queremos haceros llegar una nueva entrega de nuestras recomendaciones de ciudades o puntos interesantes para ir a visitar en Etiopía. En esta octava ocasión os queremos presentar la ciudad de Harar, la capital de la región de Harari, zona convertida en una frontera étnica y política de Etiopía. La ciudad está al este del país, situada en la cima de una colina, a 500 kilómetros de Addis Abeba, y es considerada la cuarta ciudad santa del Islam. Las 82 mezquitas, tres de las cuales datan del siglo X, y los 102 santuarios son un claro ejemplo del porqué ha recibido esta denominación.

La fecha exacta de la fundación de la ciudad no acaba de estar clara, aunque su contextualización oscila entre los siglos VII y XI. Lo que es seguro es que desde su instauración se convirtió en el centro de la cultura y la religión islámica en el Cuerno de África. En el siglo XVI, el Emir Nun Ibn Mujahid, levantó un muro de 4 metros de altura y con cinco puertas de acceso alrededor de la ciudad para protegerla de posibles conquistas (su predecesor, Ahmad Ibrihim ibn al-Ghazi, inició una guerra santa contra el emperador Lebne Denguel a partir de Harar). La muralla aún se encuentra intacta y con el tiempo se ha convertido en un símbolo de la ciudad para sus habitantes.

Independencia intermitente

Durante el siglo XVI la ciudad vivió su época dorada gracias a la explosión de la cultura local y el apogeo comercial de Harar, que llevó a sus gobernantes a acuñar su propia moneda, que estuvo en circulación hasta el siglo XIX. No obstante, con la inauguración de la línea de ferrocarril Addis Abeba – Djibouti, la ciudad perdió buena parte de su importancia comercial.

Harar mantuvo su independencia hasta que en 1875, momento en el que se anexó a Egipto, hasta que 10 años después recuperó su independencia para perderla de nuevo en 1887. Finalmente, la victoria del emperador Menelik II ante el Emir Abd Allah II devolvió la ciudad al dominio del Imperio Etíope.

Pero estas disputas políticas con el país vecino, Egipto, no son las únicas que ha tenido que vivir la población de Harar. Sus habitantes tienen otro enemigo histórico, las hienas, muy presentes en todo el país pero que en Harar han conseguido superar las diferencias de antaño con los habitantes y han logrado convivir pacíficamente con la población. Este logro se ha conseguido gracias a la actitud de los habitantes, que resignados a la presencia del animal, han decidido aliarse con él para no tener que lamentar varias muertes, normalmente niños o adultos desprotegidos, durante las horas nocturnas.

La población de la ciudad amurallada empezó su aproximación con en carroñero hacia a finales del siglo pasado, cuando durante día de la fiesta musulmana de agosto dejaba fuera de las murallas parte de la comida tradicional de esa fecha, el aja, como alimento para el animal. Posteriormente, hace unos 30 años, en el exterior de cada una de las cinco puertas de la ciudad se situó a un empleado municipal, encargado de alimentar con despojos de carne a las hienas; así, las hienas se acostumbraron a comer de las manos de los hombres en lugar de usarlos como alimento.

El poeta francés, Arthur Rimbaud, traficó con armas en la ciudad

Durante los últimos años del siglo XVII, el famoso poeta francés Arthur Rimbaud vivió en la ciudad etíope en esta época, aunque su actividad en el Cuerno de África se alejó mucho de su lado más artístico. El escritor vivió su época más oscura allí, donde se dedicó al tráfico de armas, actividad con la que no demostró mucha mano por los negocios comerciales, ya que llegó a arruinarse. Poco tiempo después de llegar a territorio etíope, Rimbaud contrajo la sífilis, enfermedad que acabó con su vida 11 años más tarde. La casa en la que estuvo viviendo durante toda una década el poeta francés se ha convertido en una lujosa mansión que el Ministerio de Cultura francés ha rehabilitado y convertido en un museo que ha dedicado a la trayectoria escrita por el artista con sus glorias literarias.

La plaza principal de la ciudad es el punto más vital. De allí salen las cinco calles más anchas, que van a parar a cinco de las puertas de la ciudad que fue clasificada como Patrimonio de la humanidad por la Unesco en el 2006. Entre los puntos reconocidos culturalmente se encuentran las tres mezquitas del siglo X, la muralla que rodea la ciudad, el mercado situado en el casco antiguo (donde a principios de año se originó un incendio que puso en peligro la integridad de la zona) y las casas tradicionales de la zona, construidas por los inmigrantes indios, presentes en la zona durante el siglo XIX. Si queréis más información sobre el incendio comentado, en el link adjunto a la noticia encontraréis la información publicada en nuestra web.

El Harar de hoy sigue siendo una ciudad bulliciosa y amiga del comercio. Casi toda ella parece un gran mercado, en el que los gremios se agrupan en zonas diferenciadas claramente por barrios, como los herreros, que abren sus talleres en las callejuelas cercanas a la puerta de Buda, o los cosedores de ropa, que ocupan una calle próxima al mercado central. Ésta es conocida por los hararis como makina guirguir por el ruido que producen las viejas máquinas de coser al trabajar.

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Equipo de ANM - 2011-03-07